Por: Redacción/ TEN/ Política
La desaparición del Instituto Jalisciense de Asistencia Social (IJAS) en 2019, bajo la administración del partido Movimiento Ciudadano, marcó el inicio de una era de precariedad para los sectores más vulnerables de la Zona Metropolitana de Guadalajara. Lo que se promocionó como una «refundación» para eliminar la corrupción y la ineficiencia, se ha transformado, en la práctica, en un desmantelamiento de los derechos sociales básicos, obligando a los ciudadanos en situación de calle e indigencia a una humillante «mendicidad institucional».
Uno de los golpes más severos para las familias de escasos recursos fue la eliminación de los servicios funerarios gratuitos que operaba el IJAS. Anteriormente, el instituto contaba con salas de velación y convenios que garantizaban un adiós digno para quienes no tenían un solo peso en la bolsa.
Hoy, ese servicio es un laberinto burocrático. Aunque el Gobierno Estatal asegura que el DIF Jalisco ha asumido estas funciones, los testimonios de los afectados son desgarradores:
- Trámites interminables: Las familias deben deambular por dependencias para obtener un «apoyo» que a menudo llega tarde o es insuficiente.
- Saturación y rechazo: Al no existir una infraestructura dedicada exclusivamente a la asistencia funeraria social, las personas terminan solicitando caridad en las puertas de los hospitales.
Ante la ausencia de una red de asistencia social robusta que atienda la indigencia de manera integral (como lo hacía la Unidad Asistencial para Indigentes, UAPI, ahora bajo un modelo fragmentado), el Hospital Civil de Guadalajara se ha convertido en el último refugio.
Sin embargo, los Hospitales Civiles —ya de por sí operando al límite de su capacidad— no pueden sustituir una política de estado. La falta de atención en los municipios conurbados (Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá) empuja a los indigentes hacia el centro de la ciudad, donde la respuesta de las autoridades municipales se limita a operativos de «limpieza social» o albergues temporales que no resuelven la crisis de fondo: la falta de salud mental, techo permanente y alimentación.
«Ya no hay a dónde ir. Si te mueres en la calle, tu familia tiene que pedir limosna para sacarte de la morgue porque el IJAS ya no existe y el gobierno te pide papeles que, por vivir en la calle, ya no tienes», relata un usuario recurrente de los comedores comunitarios en el Centro Histórico.
La crítica hacia la administración de Movimiento Ciudadano radica en la centralización y opacidad. Al desaparecer el IJAS, se perdió también la autonomía de las Juntas de Gobierno que permitían una fiscalización más ciudadana de la asistencia social.
La situación actual en el Área Metropolitana de Guadalajara es una de abandono sistémico:
- Indiferencia Municipal: Los ayuntamientos han fallado en crear programas de reinserción real, limitándose a dar «asistencia de temporada» (cobijas en invierno) mientras el resto del año la indigencia es ignorada.
- Burocracia que Mata: La exigencia de requisitos técnicos para acceder a servicios básicos de emergencia deja fuera a quienes, por su condición de calle, carecen de identificaciones o comprobantes.
La desaparición del IJAS no fue una optimización administrativa, sino un repliegue del Estado en sus funciones más humanas. Mientras el discurso oficial habla de modernidad y «Jalisco de primer mundo», las banquetas de Guadalajara cuentan una historia distinta: la de miles de personas que hoy padecen la total falta de atención de una autoridad que decidió que la asistencia social ya no era una prioridad presupuestaria.
